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  POLÍTICA

Parte Final

 Superación de la problemática infraestructura superestructura 

Por Cristian Gillen

  

Así como se planteó anteriormente la manera de superar la cuestionada relación fuerzas productivas - relaciones sociales, para ser coherentes, es también imprescindible hacerlo con la articulación infraestructura – superestructura, por cuanto ambas problemáticas están interrelacionadas.  

Para analizar la reproducción de la sociedad, hay que salirse de la concepción que ve la totalidad social como algo cerrado y dividido en instancias claramente delimitadas: infraestructura económica y superestructura política y cultural. Lo anterior no posibilita comprender en toda su profundidad y complejidad, como se constituye y reproduce la sociedad como expresión de relaciones sociales de distinta índole (económicas, políticas y culturales). Planteo esto, porque cuando un individuo establece relaciones, no las hace solo económicas, o solo políticas, o solo culturales. Todas éstas se combinan, existiendo en un determinado momento un mayor énfasis en una, y en otro, esa incidencia se modifica, y así sucesivamente. Como se podrá apreciar, la realidad es mucho más complicada que las concepciones teóricas regidas y estáticas que se han querido imponer, aunque hay que manifestar que desde el punto de vista formal, aparecen como mucho más "lógicas" desde la perspectiva de la lógica dominante, que es la instrumental, que ha ido penetrando y mermando desde adentro los planteamiento de cambio radical del capitalismo.

 

El análisis y superación de la problemática infraestructura – superestructura, debe partir de ver como las distintas relaciones sociales (políticas, culturales, económicas) van conformando un todo abierto, en un espacio determinado, y en un momento dado. Estas relaciones sociales diferenciadas se articulan de acuerdo a un marco lógico – histórico, alcanzando organizarse en proceso de producción, vistos en su sentido más amplio, por cuanto la producción no puede percibirse sólo como económica, lo que ha conducido al economicismo bajo distintas formas e intensidades, sino que también, como ya se señaló, existen producciones políticas y culturales. Estos procesos productivos se constituyen y reproducen bajo la dinámica de las contradicciones que se dan entre los agentes que participan y que presentan intereses en conflicto y/o contradicción. Ello se expresa en categorías y leyes, que no son meras abstracciones lógicas, sino que manifiestan el carácter dialéctico de las relaciones sociales capitalistas, por cuanto hay grupos, fracciones de clase, clases, etnias, y sexos, que tienen dentro de los procesos productivos diferentes posiciones.

Las producciones se articulan e influencian recíprocamente, apareciendo en un determinado momento, un tipo específico de producción, como el que imprime la dinámica de la vinculación y reproducción de las relaciones sociales globales. En otro instante será un proceso productivo distinto y así sucesivamente. Toda esta articulación compleja, bajo dinámicas temporales y espaciales diferentes depende en gran medida del proyecto hegemónico que se ha constituido bajo el liderazgo de un determinado grupo y/o clase en alianza con otras fuerzas sociales. Como ya se puntualizó, cada producción no expresa relaciones de producción de un solo contenido, sino que de varios, en que, por la naturaleza misma de la actividad productiva que se realiza, tiene una tendencia de selectividad estructural que hace que una domine. En una fábrica industrial, si bien las relaciones de producción son principalmente económicas, se llevan a cabo igualmente relaciones políticas, en tanto, hay luchas de poder, y también culturales ya que se tratan de imponer valores sustentados en visiones de la producción y de la vida en conflicto o contradicción. Cosa diferente, por ejemplo, sucede en lo referente a la producción legal, ya que prima lo político sin excluir lo económico y cultural, y en lo que respecta a la producción educativa, por poner otro ejemplo, se privilegia lo cultural sin dejar de intervenir lo político y económico.

 

Los diferentes tipos de producción 

Con el fin de analizar a un mayor nivel de concreción como se construye la sociedad, pero también como podría perder coherencia y hasta fragmentarse, detallaremos como conceptuamos la producción en general, esto brevemente, porque ya se desarrolló anteriormente así como en otros libros que elaboré[1], para luego complementar ese análisis con el estudio de formas de producción específicas.

Señalaremos sucintamente las características generales, que adoptan las relaciones sociales de producción cuando se sedimentan en un proceso inmediato de producción en general, es decir a un nivel elevado de abstracción.  

El proceso de producción inmediato, que como ya sabemos, está conformado por los procesos de trabajo y de valorización, los cuales constituyen una unidad indisociable, que se retroalimentan mutuamente, y cuya importancia relativa entre ellos varia dependiendo de como se dan las contradicciones sociales en los distintos momentos históricos. Las relaciones sociales de producción se expresan de manera diferenciada, tanto en lo político, cultural y económico, en el proceso de trabajo y en el de valorización, pero siempre sin dejar de articularse y complementarse. En el proceso de trabajo, se combina bajo modalidades distintas el trabajo pasado y presente, así como en el seno de este último,  produciéndose modalidades variadas de división del trabajo y de explotación. En el proceso de valorización se realizan las actividades de adquisición de la mano de obra, insumos, venta de productos y transacciones financieras de diferente índole, en el marco de relaciones en conflicto y/o contradicción entre los agentes sociales que participan.  

Hasta ahora, en la mayoría de los análisis que se han efectuado sobre la producción, se ha considerado el ámbito comercial y financiero, pero también las operaciones de adquisición de la mano de obra e insumos para alimentar a la producción, como simplemente procesos de valorización. Todo esto hay que revisarlo, ya que ello respondía a los desarrollos iniciales del capitalismo, donde no existían grandes actividades comerciales, como los supermercados, por poner un ejemplo, que no sólo pueden visualizarse desde la perspectiva del proceso de valorización, sino que también hay que contemplar el proceso de trabajo que se desarrolla para la mejor presentación de los productos y su realización más rápida, como empacado, entre otros. Lo mismo se puede decir de lo financiero, que en el neoliberalismo ha tenido un desarrollo exponencial que se ha manifestado en la creación de múltiples instituciones financieras que elaboran productos financieros de distinta índole. Pero, eso no queda ahí, muchas empresas dedicadas a fabricar productos industriales han paralizado líneas de producción materiales, con el fin de dedicarse a la elaboración de productos financieros, siendo un ejemplo relevante de este nuevo desarrollo General Electric, que logró aumentar significativamente sus ganancias debido a sus nuevas líneas de producción financiera bajo la dirección de uno de los gurus empresariales norteamericanos como es Jack Welch[2].

En lo que se refiere a la adquisición de mano de obra, a utilizarla en los procesos de trabajo, la tendencia del neoliberalismo a flexibilizar el mercado de trabajo ha hecho que las empresas subcontraten a empresas denominadas "services", que les proporcionan la capacidad laboral, sin que la empresa tenga que asumir compromisos a largo plazo con los trabajadores. La adquisición de insumos en las empresas también ha tendido a externalizarse debido a que las nuevas formas de producción propenden a la integración horizontal, dejando de lado la vertical.  

De lo planteado se desprende que el análisis del proceso de trabajo y de extracción de la plusvalía, no puede limitarse a la producción material, sobre todo industrial, sino que ahora los procesos de trabajo se han desarrollado en los ámbitos comerciales, financieros, y de adquisición de mano de obra e insumos, entre otros, por el peso creciente que han venido teniendo en las nuevas modalidades de acumulación capitalistas.

A lo anterior, hay que adicionar, si se hace un análisis no a nivel de modo de producción puro sino de formación social, que las relaciones de producción capitalistas se articulan y combinan con formas de producción no capitalistas, destruyéndolas en algunos casos, pero por lo general, utilizándolas para ponerlas bajo la lógica del capital, es decir, haciendo que el excedente se subordine a la lógica de la plusvalía. Esto hace mucho más complejo el estudio del proceso de acumulación, especialmente en la periferia capitalista donde el no capitalismo juega un papel importante. Ello se viene expresando en el gran crecimiento que está experimentado el denominado "sector informal". 

A continuación, detallaremos las especificidades que adquiere la producción en ámbitos que se han considerado relevantes, no por su peso cuantitativo, sino principalmente por su incidencia en la calidad de vida de la población, así como en la vida misma, y que están siendo afectadas por cambios relevantes en el marco de la nueva regulación del neoliberalismo. Nos concentraremos en el marco de estos criterios, en la producción industrial, de salud, educacional, y en la producción bajo la égida del Estado de productos de destrucción masiva. Esto no significa que no existan otras producciones significativas, sino que el análisis de las producciones indicadas permiten dar una buena visión del enfoque ampliado del concepto de producción que se está proponiendo con todas las repercusiones políticas que ello conlleva.  

En lo que respecta al proceso de producción industrial, simplemente nos limitaremos a realizar algunas precisiones que complementan estudios previos, ya que este tipo de proceso de producción ha sido objeto de extensos análisis en este trabajo como en anteriores.

La producción industrial ha sufrido cambios relevantes últimamente en el proceso de trabajo y de valorización. En cuanto al primero, se le ha tratado de flexibilizar, ya sea mediante un trabajo pasado expresado en maquinaria más inteligente, dado que tiene más capacidad de manejo de información, además que puede realizar funciones variadas, y/o a través de una organización menos rígida del trabajo vivo, rompiendo en grados distintos con el taylorismo y sustituyéndolo parcial o totalmente pro células de producción, donde se privilegia el trabajo colectivo, y la rotación de los trabajadores dentro de las operaciones que conforman la célula. Además, se les hace cooperar a estos últimos en la solución de problemas que emanan de la operación productiva en el marco de las reglas impuestas por la gerencia, es decir que es una cooperación incorporada. 

En lo que se refiere al proceso de valorización, se ha promovido la flexibilidad de mercado laboral, tratando de mantener un mínimo de trabajadores, principalmente calificados, en forma permanente y nutrirse básicamente de otras empresas dedicadas a proveer mano de obra o de trabajadores a tiempo parcial. Esto ha debilitado los sindicatos, reducido los costos laborales e incrementado la subordinación del trabajo a los mandatos del capital. Las flexibilizaciones que se llevan en los procesos de trabajo y valorización se diferencian según los países por la importancia relativa que se le otorga ya sea a la flexibilidad en el proceso de valorización o a la que se da en el proceso de trabajo. En términos generales, se puede señalar, para ilustrar lo anterior, que en Japón se ha privilegiado la flexibilidad en el proceso de trabajo, en tanto que en Estados Unidos se dio preferencia a la flexibilidad del proceso de valorización. En la periferia, prácticamente no se ha hecho un esfuerzo de cierta significación por flexibilizar la organización social de la producción, por cuanto se ha continuado con una concepción periférica del taylorismo, y todo el énfasis se ha puesto en flexibilizar el mercado laboral, con el fin de competir no en base a eficiencia, sino a mano de obra barata, con todo lo que ello significa en las relaciones sociales económicas, culturales y políticas.

Después de este sucinto análisis de la producción industrial, que se ha concentrado en los cambios más recientes, abordaremos las producciones en salud, educación y militar en Estados Unidos, país que lidera el mundo capitalista, y que este último está tratando de mundializar. De esa manera, podremos apreciar las transformaciones que se están dando como consecuencia del deseo desenfrenado de maximizar las ganancias del capital en sectores donde anteriormente se trataba de regular la valorización para evitar excesos.  

La lógica actual de reproducción del proceso de producción inmediato que se da en el ámbito de la salud de Estados Unidos ha propiciado la reducción progresiva del número de doctores independientes, haciéndolos depender cada vez más de los hospitales, muchos de los cuales están conectados con las universidades de medicina. Muestra de esta tendencia a que los médicos devengan asalariados, es que mientras en 1983 sólo el 24% de los médicos eran empleados, en 1999 esta cifra ascendió al 42%. 

La acumulación neoliberal, que potencia las categorías de mercancía, ha llevado a que se establezca en el ámbito de la salud de Estados Unidos una organización privada, para regular la reproducción de las relaciones sociales que se dan en este sector. Esta institución, que se denomina Organización Para Mantener la Salud (HMO), es la mediadora entre las empresas de la salud, el gobierno, y otras agencias con el fin de regular las modalidades y niveles de pago por los diferentes servicios de salud. Este ente, para maximizar las ganancias de las empresas de la salud, ha venido sistemáticamente racionalizando el trabajo de los médicos y demás trabajadores de la salud, para reducir los costos laborales. 

Las presiones de la HMO para regular a favor del capital los procesos de valorización de los hospitales ha llevado a que incida en sus procesos de trabajo, muestra de ello es la reducción del número de días de recuperación de los enfermos, así como en la cantidad de médicos a tiempo completo y el reemplazo de enfermeras calificadas por otras empleadas de la salud menos calificadas. Además de las medidas antes citadas, se ha profundizado la taylorización de los procesos de trabajo, a pesar que esos sistemas de organización laboral han sido abandonados en otros ámbitos de la realidad social. Ello ha conducido a incrementar las cargas de trabajo de los médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud. Pero este proceso de racionalización capitalista tiene sus limitaciones, ya que en el proceso de producción de la salud, la mecanización creciente que se aplica en la producción industrial no puede implementarse de manera mecánica, por cuanto el cuidado humano puede ser mecanizado sólo hasta cierto punto[3]. A parte de estas medidas de "industrialización de la medicina" al interior de los hospitales, estos han tendido a fusionarse, lo que les ha permitido seguir reduciendo el número de su personal.

Este proceso creciente de "industrialización de la medicina" ha motivado todo un movimiento de sindicalización de los trabajadores de la salud, sobre todo de los médicos, que antes eran muy poco proclives a organizarse para defender sus derechos. Ello se debe a una acumulación creciente de frustraciones porque el HMO les ha ido quitando capacidad de decisión, lo que en muchos casos ha incidido en la calidad del tratamiento de los pacientes. Muestra de lo planteado es que en 1996, habían sólo 26 mil médicos sindicalizados, el cual aumentó vertiginosamente en los tres años siguientes, alcanzando la cifra de 35 mil. 

En el proceso de producción educativo, ha sucedido algo similar al de salud. Se vienen potenciando las presiones para "traer plata a las universidades", otorgando incentivos para los profesores que logren generar mayores fuentes de ingreso, debido a su venta de servicios ya sea al Estado y/o al sector privado. Este proceso de ver la educación como una simple mercancía, está incidiendo en la composición de los costos, y en la lógica y calidad del proceso de trabajo educativo. Al sistema universitario de California compuesto por nueve universidades, se le comenzó a reducir fondos estatales para que se agencien recursos externos por venta de servicios, pero también con el fin de fomentar el retiro anticipado de los profesores a tiempo completo y reemplazarlos por educadores de menos nivel y a tiempo parcial. En 1998, el cuerpo profesoral del sistema universitario de California estaba conformado por: 20% de profesores a tiempo completo, 58% de estudiantes graduados que ejercían labores educativas, 12% de instructores a tiempo parcial, y un 10% de profesores de muy corto plazo. En la Universidad de Nueva York, sucedió algo muy similar. A principios de los 1980, la  universidad empleaba aproximadamente 11 mil profesores a tiempo completo por 200 mil estudiantes. En 1996, eran sólo 5300 profesores a tiempo completo por 207 mil alumnos. El déficit fue llenado por profesores a tiempo parcial. 

Este proceso de modificaciones del proceso de producción inmediato en la educación lo capta muy bien el New York Times que en febrero de 1998 publicó lo siguiente: "los ahorros de usar profesores a tiempo parcial es claro. El pago promedio de un profesor asociado en un "senior college" es de alrededor de 61,000 dólares al año, y tiene derecho a seguro médico, pensión y año sabático, así como debe dictar tres cursos por semestre. Manejar la misma carga con adjuntos cuesta 12,000 dólares al año, éstos teniendo menos beneficios"[4]. 

Una de las iniciadoras de esa concepción "gerencial" de la educación y que más está incidiendo de manera negativa en la calidad de la educación, es la denominada educación a distancia. Esta nueva lógica de aprendizaje ha llevado a potenciar el uso de profesores a tiempo parcial para minimizar costos y maximizar ganancias, lo cual, al igual que en el caso de los médicos, está conduciendo a la sindicalización de los profesores. Como ejemplos de esta tendencia, a aplicar estrategias corporativas en las universidades, tenemos que tanto la Universidad de Nueva York y la Universidad de Columbia han creado divisiones para manejar exclusivamente la educación a distancia. En ambas Universidades, el aprendizaje a distancia está basado en materiales creados por los profesores, sin embargo, ellos deben circunscribirse a los requerimientos visuales y de Internet determinados por especialistas ajenos  a  la Universidad.  

En 1999 surgió en Estados Unidos la primera universidad totalmente dedicada a la educación a distancia. Esta es la Jones Internacional University, que pertenece al grupo Jones, cuya línea principal de actividad es la industria del cable. El grupo está dirigido por Glenn Jones, un multimillonario que decidió incursionar en estos momentos de su vida a tiempo completo a las actividades universitarias, para lo cual creó su propia universidad. Jones tiene un concepto puramente gerencial de la educación. La trata como una mercancía más, que le va a permitir incrementar su fortuna. Es así que percibe la universidad como una institución destinada a "proporcionar educación de alta calidad, sin depender del lugar, hacer ganancias y pagar impuestos"[5]

La tendencia a maximizar la valorización a costa del deterioro de la calidad de la producción generada en el proceso de trabajo educativo, ha motivado diversas protestas de los profesores, que van organizándose progresivamente para defenderse de estas políticas corporativas orientadas a bajar el nivel de la enseñanza y atentar contra su seguridad laboral. Esta corriente de protestas hizo que James E. Perley, Presidente de la Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP), publicará una carta criticando la educación a distancia, y en especial a la ofrecida por Jones International University. En ella expresa sus temores por la pérdida de libertad académica que ocasiona esta nueva modalidad de educación, por cuanto los cursos dependen más de especialistas externos (audiovisuales, Internet, etc.) que de los profesores. Según James E. Perley, los profesores que tienen una alta formación académica deben de subordinar sus "cursos" a los fines de la Internet, impuestos por diseñadores de la Web[6].

 

Antes de abordar la producción militar bajo la dirección estratégica y financiera del Estado, trataré de establecer el orden de magnitud de este sector productivo, para demostrar que el líder de la supuesta economía de mercado, donde primaría la libre iniciativa privada, es un mito más del arsenal ideológica del neoliberalismo. En la realidad concreta, los Estados Unidos son una economía mixta donde el Estado juega un rol relevante en la direccionalidad estratégica de la reproducción ampliada de las relaciones sociales vistas como un todo. En 1999, habían aproximadamente 2.2 millones de empleados que formaban parte del complejo industrial militar. Una cantidad superior a los uniformados que ascendía a 1.5 millones y a los empleados civiles del Pentágono que eran 0.7 millones. El Pentágono, por otro lado, financió programas de investigación en universidades y otras instituciones por un valor de 5 mil millones de dólares. 

La alianza Estado-sector privado para llevar a cabo la producción militar se realiza bajo la dirección estratégica del Pentágono que determina las armas a producir, y los programas de fabricación e investigación para ser elaborados en el corto, mediano y largo plazo. Es decir, todo un proceso de planificación estatal, que tanto critican los neoliberales, sobre todo los de la periferie, que repiten sin reflexión las recetas formuladas por los ideólogos del centro para incrementar la subordinación de estas formaciones sociales a sus dictados.

En la producción militar, se muestra con gran claridad la articulación de lo político, económico y cultural. Dentro de este proceso de producción, las empresas privadas que forman parte del complejo industrial-militar están bajo el control del Pentágono, que para realizar sus funciones se organizó siguiendo la lógica de las grandes corporaciones privadas. Este proceso de "industrialización del Pentágono" se inició en 1961 bajo el liderazgo de Robert Mc Namara, que renunció a ser Presidente de la Ford Motor Company para devenir secretario de defensa. El Pentágono se convirtió en una verdadera división de planeamiento estratégico de una gran corporación, definiendo las políticas para el complejo industrial-militar, y monitoreando el proceso de implementación de sus políticas y programas. Dentro de esta lógica de planificación, las empresas privadas que conforman el complejo industrial-militar no son autónomas. Son como si fueran divisiones de una gran corporación controlada centralmente. La fijación de los precios de los productos con fines militares, no se realiza mediante el supuesto libre juego de la oferta y la demanda, sino que sigue la lógica de valorización del capitalismo de estado. Se parte de los costos históricos, a los cuales e les agrega un margen pactado políticamente entre el Estado y las empresas privadas que se logra en base a conciliar los intereses de ambas partes. Lo anterior conlleva implicancias económicas y políticas. En primer término, fomenta la inflación y la ineficiencia. En términos generales, los precios de los productos militares subieron a un ritmo más elevado que los productos destinados al uso civil. Por otro lado, los costos de fabricación en productos similares fueron mucho mayores en el complejo militar-industrial que en las empresas que operan fuera de éste. Un ejemplo de ello es la gran diferencia de costos en lo que respecta a la fabricación de productos electrónicos. Los elaborados para fines militares tenían costos que ascendían en promedio a 21,620 dólares, en tanto que los que se fabricaron para un uso civil sólo se elevaban a 9,389 soles[7]

Este cálculo burocrático para fijar precios, no es neutro políticamente y presenta repercusiones políticas negativas. Por un lado, ha facilitado que el capital y el trabajo en las empresas que forman parte del complejo militar armonicen sus intereses en perjuicio de la población económicamente activa que no integra este complejo. Las gerencias en base a los precios planificados, que garantizan de todas maneras una ganancia, pueden inflar costos, entre ellos los laborales, haciendo que los trabajadores tengan un aumento permanente de sus remuneraciones. Todo ello se ha realizado con fondos que el Estado ha ido obteniendo de la comunidad en su conjunto, a través del sistema impositivo, y de la reducción de los presupuestos en educación y salud. Muestra de esta peligrosa alianza entre el capital y los sindicatos que ha sido propiciada por el Pentágono es la conformación conjunta de Comités para promover la producción militar que tendría que haberse reducido después de la guerra fría. Esto último ha coadyuvado a que se lleve a cabo una política exterior agresiva con los resultados funestos ya conocidos. Pero también repercutió negativamente en la producción industrial no militar que no cuenta con los incentivos del complejo industrial-militar. Así tenemos que, en los años 1980, mientras la producción militar ascendió en un 60%, la fabricación de máquinas herramientas descendió en un 65%. 

La exportación de armas, que es una de las principales exportaciones de Estados Unidos, no se hace en base a su mayor competitividad, sino a las presiones políticas y a un financiamiento fácil que le otorga el Pentágono a los países compradores. Esta estructura político-económica bajo el liderazgo del Pentágono, ha posibilitado que Estados Unidos exporte 42.8 billones entre 1993 y 1995, que es más que lo que exportaron juntos todos sus principales competidores como son Rusia, Francia, Inglaterra y China.  

 

La reproducción de la sociedad  

El ver la sociedad como una unidad dialéctica de distintos tipos de producciones (políticas, económicas, culturales) que se entremezclan influyéndose recíprocamente sin tener fronteras definidas entre ellas, lleva a toda otra concepción del Estado, y de la problemática de la transición hacía otra sociedad, donde primen la solidaridad y la igualdad. 

El Estado ya no es más una consecuencia de diferentes formas de economicismo. No es el reflejo mecánico de lo económico como lo concebían los marxistas ortodoxos, ni producto en última instancia de lo económico como lo postulaba Poulantzas y sus seguidores. Ni tampoco es aceptable la posición de algunos neo-gramscianos que le dan igual peso a lo económico, político, y cultural, pero visualizando sólo lo económico como proceso de producción y lo político y cultural como regiones aparte, sin determinar como éstas se reproducen en sí, y en relación con el resto de a sociedad. Se puede señalar que el hecho de otorgarles igual importancia a las distintas regiones de la sociedad, es una simple declaración, por cuanto, lo económico sería el único que tendría una concepción dinámica y las otras se presentan como partes de la sociedad que no tendrían una lógica propia de reproducción que les permita articularse dinámicamente con el resto de la sociedad. Al final de cuentas, al ser lo económico el único que tendría un desarrollo dinámico, sería el que les imprimiría su lógica de reproducción a las otras regiones. La visión neogramsciana, tal como la de Jessop, es otra forma de economicismo pero más sofisticado, debido a que es más difícil de detectar por el discurso complejo que tienen.  

El conceptualizar la sociedad como un conjunto articulado de procesos de producción de índole político, económico y cultural, en que la dinámica de la reproducción no depende eternamente de un tipo determinado de producción, sino que varia en función a la forma en que se dan las contradicciones sociales en el tiempo y en el espacio; y el hecho de que el Estado no tiene el monopolio del poder político, conduce como ya se señaló, a tener una visión de nuevo tipo de la transición. Ya no basta tomar el Estado, ya sea por medios violentos o a través de las urnas, para garantizar la transición. A fin de poder direccionar la lógica de reproducción de la sociedad, hay que tener hegemonía en los distintos proceso de producción. Muchas revoluciones que se decían socialistas fracasaron, porque la toma del Estado no les posibilitó cambiar a nivel esencial los procesos de producción económicos y culturales, teniendo muchas veces que recurrir a "tecnócratas" y "expertos" para que manejen las empresas y otro tipo de instituciones. Por ello, como veremos posteriormente, es fundamental tener otra concepción del poder, y, dentro de esta nueva perspectiva, construir la hegemonía desde la base, sin tener que esperar la toma del aparato del Estado, para recién, a partir de ahí, tratar de edificar una sociedad de nuevo tipo.


 

[1] Cristian Gillen. El Primado de las Fuerzas Productivas y el Socialismo. Ed. Horizonte. Perú. 1986. Cristian Gillen Hacia un Desarrollo centrado en la producción. Ed. Horizonte. Perú 1996; y Cristian Gillen. La Organización social de la producción como dinámica del desarrollo. Ed. Horizonte. Perú. 2001

[2] Jack Welch. Ma vie de Patron. Editions Village Mondial. Paris. 2001

[3] Seymour Merman. After capitalism. Random House Inc. New York. 2001

[4] Citado en Seymour Merman. After Capitalism. Op. Cit.

[5] Op. Cit.

[6] Op. Cit.

[7] Op. Cit.

 

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