Haga click aquí para volver a la
Pagina de Inicio

 

  POLÍTICA

PARTE III

Problemática Infraestructura-Superestructura  

Por Cristian Gillen

 

Otra línea de pensamiento que estudia la relación infraestructura-superestructura y el Estado es la denominada escuela de la "lógica del capital", que se desarrolla principalmente en Berlín Occidental en los 1960s y después se extiende a distintos países de Europa, adquiriendo en cada uno de ellos especifidades, pero dentro de una perspectiva general similar. Esta escuela emerge fundamentalmente con el fin de cuestionar y superar la manera que estaba abordando esta temática el marxismo ortodoxo. Esta escuela trata de explicitar las relaciones entre lo económico y lo político, así como las características del Estado, utilizando categorías empleadas por Marx en el Capital, sobre todo en base a la ley del valor y la referente a la caída tendencial de la tasa de ganancia.

 

Comenzaremos analizando la manera en que esta línea de pensamiento visualiza la producción, ya que para la escuela de la "lógica del capital" es a través del proceso de producción inmediato y del carácter dual del trabajo que se puede explicar la autonomía relativa del Estado con respecto a la economía y las funciones que el Estado realiza[1].

 

El proceso de producción inmediato, concebido por esta escuela como la unidad del proceso de trabajo y de valorización, crearía las condiciones necesarias para garantizar la extracción de la plus-valía y la acumulación que estarían fuera de lo económico. Cuando se interrumpe la reproducción ampliada, se agudizaría la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales y también se intensificaría la lucha de clases. En condiciones "normales", habría una correlación entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales y la lucha de clases se mantendría sólo en forma latente.

Para esta escuela, y especialmente para Hirsch, la ley del valor que norma la reproducción ampliada del proceso de producción inmediato, se realizaría a través de mediaciones políticas. Esto por cuanto la ley del valor tendería a la distribución social del trabajo e impondría las proporcionalidades entre las distintas esferas en que opera la producción. En este proceso de contradicciones entre el capital y el trabajo y de conflictos en el seno del capital, la intervención del Estado devendría un momento en la implementación de la ley del valor. Además, la participación política a través del Estado se requeriría en el cambio permanente que se da en el proceso de trabajo debido a las modificaciones que se generan en las relaciones entre el trabajo objetivado y el trabajo vivo, que es lo que contribuye en gran medida a la baja tendencial de la tasa de ganancia. El Estado interviene sobre todo para construir una contra-tendencia a esta tendencia.

La regulación estatal del proceso de acumulación capitalista, regido por la ley del valor, sería sólo una forma mediante la cual el capital podría superar temporalmente las barreras a su valorización que requiere, aparte de otras medidas de carácter económico, también de índole ideológico y coercitivo.

La escuela de la "lógica del capital", por lo general, no ve el aparato del Estado como una estructura cerrada, sino que como una realidad abierta y heterogénea. Sin embargo, éste tendería a actuar de forma cerrada en momentos de crisis cuando su núcleo represivo (policía, ejército, aparato judicial) debe reprimir con cierta fuerza a los trabajadores. Ahora bien, en términos generales, la estructura del Estado se fragmentaría por la doble contradicción a que se encuentra sometido en el capitalismo, sobre todo en su fase monopólica como consecuencia de la competencia entre los capitales individuales, y al intentar asegurar la dominación política de la clase burguesa.

Uno de los aportes importantes de la escuela de la "Lógica del Capital", es que ha contribuido en la crítica del argumento reformista de que el Estado puede ser utilizado para superar las contradicciones básicas del sistema capitalista, lo cual posibilitaría, tomar el Estado mediante elecciones, para luego manipular exitosamente a éste para garantizar la transición al socialismo.

Cabe señalar sin embargo, que esta línea de pensamiento presenta ciertas limitaciones que es importante indicar. La más saltante es la que plantean Holloway y Picciotto, que fueron los que propiciaron un gran debate entre distintos representantes en Alemania de la escuela de la "lógica del capital". Estos señalan que muchos exponentes de esta escuela ponen un sobre énfasis en las leyes que rigen la lógica de reproducción del capital, sin darle la importancia debido al papel de las contradicciones capital-trabajo, lo que no permite nutrir a la lógica del capital de contenido y realidad histórica[2].

 

Con el fin de tratar de superar la crítica anterior, algunos representantes de la escuela de la "Lógica del Capital" han intentado de involucrar como un aspecto interno, y no sólo externo, a la lucha de clases en el estudio del Estado y su relación con el proceso de acumulación. En ese sentido insisten en que el Estado capitalista sólo podrá ser entendido en toda su complejidad en el marco de las contradicciones sociales entre los agentes que participan directamente en el proceso de trabajo y de valorización[3].

 

La teoría de la regulación, que tiene sus orígenes en Francia y cuyos representantes más conocidos son Aglietta, Lipietz y Boyer[4] han adoptado en gran medida el enfoque de la escuela de la "lógica del capital", pero, a diferencia de ésta, no suponen una lógica única y universal del capital. Consideran que las varias formas que adopta la acumulación del capital está mediada en el tiempo a través de instituciones, normas sociales, entre otros. Le otorgan gran importancia a lo contingente, la "regulación" socio-económica del proceso de acumulación, pero también a la incidencia en la reproducción de las leyes y tendencias. En este conflicto, han explorado distintos regimenes de acumulación y sus respectivos modos de regulación. Para los regulacionistas, la diferencia entre base y superestructura o Estado y sociedad civil serían esencialmente analíticos.

 

Bob Jessop trata, en base a los legados de Gramsci y Poulantzas, de profundizar y hacer más concretos los planteamientos de éstos con relación a la vinculación entre lo político y económico en base principalmente a complementar la concepción generalmente abstracta de hegemonía, con la de proyectos hegemónicos. Para lograr lo anterior, realiza un análisis detallado del proceso de producción inmediato, y trata de precisar el curso de la reproducción mediante el establecimiento de lo que denomina la estrategia de acumulación.

Jessop, al igual que Gramsci y Poulantzas, no ve las relaciones de producción como solamente económicas, sino que también considera que existen en ella momentos políticos e ideológicos. Por otro lado, a diferencia sobre todo de Poulantzas, visualiza el proceso de trabajo, no sólo como una actividad técnica, sino socio-técnica, lo cual evita que Jessop tenga una percepción de total neutralidad de este proceso, como si se tratara sólo de una actividad técnica destinada a apropiarse de la naturaleza mediante un sistema de fuerzas productivas. En su análisis del proceso de trabajo, Jessop, aparte de no verlo sólo como una actividad técnica, le otorga importancia a las funciones de supervisión que se ejercen sobre los trabajadores y a la división entre el trabajo manual y mental.

 

En el estudio de la reproducción, es decir la acumulación, le da gran relevancia a la forma valor[5], y en el marco estructural determinado por ella, analiza el balance de fuerzas de las clases que se da en el proceso de acumulación que determina en gran medida su curso de evolución. En el proceso global de acumulación, Jessop le otorga un papel determinante al capital industrial.

 

La reproducción de la forma-valor dependería, de acuerdo a Jessop, de ciertas condiciones externas que proveen el marco en que la ley del valor operaría. Esto incluye el sistema legal, el monetario, entre otros. También habría que garantizar infraestructura, energía, investigación y desarrollo, etc. Como se puede ver, la forma-valor estaría sujeta a formas de no-valor que incidirían en el ritmo de acumulación, y crearía las condiciones estructurales para la existencia de una instancia política distinta de la económica.

 

Para Jessop, si se quiere tener una concepción más concreta de los patrones de acumulación y sus variaciones, uno no podría basarse solamente en "leyes económicas generales". Se requería para ese fin, desarrollar conceptos estratégicos teóricos que puedan establecer vínculos entre la forma-valor y las modalidades concretas de lucha entre el capital y el trabajo que se dan en el tiempo y el espacio. La estrategia de acumulación definiría un "modelo de crecimiento" con sus distintas precondiciones extra-económicas, así como  plantearía la estrategia apropiada para su realización. El éxito de la estrategia estaría sujeta a lograr que los distintos momentos del circuito de capital lograrán unificarse bajo la hegemonía de una fracción[6]. La hegemonía económica se alcanzaría mediante la integración del circuito, pero también logrando la expansión del capital industrial, aunque una fracción no industrial sea la dominante. Jessop, en el proceso de concretización de su análisis sobre la acumulación complementa las estrategias de acumulación con los proyectos hegemónicos, muchas veces sobreponiéndolos y haciendo que se condicionen mutuamente. Mientras que las estrategias de acumulación están orientadas a la expansión económica, los proyectos hegemónicos van dirigidos a objetivos principalmente no-económicos, a lo "nacional-popular", y no simplemente a las relaciones de clase[7].

De acuerdo a Jessop, en la relación entre lo económico y lo político, el primero no es determinante ni en primera, ni en última instancia, distanciándose de esa manera del marxismo ortodoxo que postula a que lo político es un simple reflejo de lo económico, y de Poulantzas que sólo determinaría lo político en última instancia, como ya lo vimos anteriormente. Además, postula a que la vinculación económico-político sería de carácter contingente y no estructural, por lo tanto debería ser visto como resultado de prácticas económicas, políticas y ideológicas específicas. Ahora, para que lo económico y político adquieran una coherencia de carácter sustantivo, se requeriría de estrategias concretas.

 

Jessop plantea que habría que alejarse de toda la problemática desarrollada por el pensamiento marxista destinado a elucidar si lo económico determina lo político o viceversa, así como establecer la autonomía relativa entre ellos. Más bien, el énfasis en los análisis debería orientarse a la forma en que se daría el acoplaje estructural y coordinación estratégica. El concepto de acoplaje estructural se refiere a la articulación sustantiva y formal de las distintas estructuras, tratadas como autónomas. En cuanto al concepto de coordinación estratégica, está orientado a la dimensión estratégica del punto de vista de las fuerzas sociales específicas[8]. Dentro de la concepción teórica de Jessop, que hemos tratado de delinear, se le otorga un peso similar a las dimensiones económicas, políticas e ideológicas[9].

 

Jessop, con el fin de precisar mejorar las relaciones entre lo económico, político e ideológico, que sería una vinculación entre iguales, y de carácter contingente, ha tratado de superar la tendencia de Gramsci de limitar la hegemonía a un consenso básicamente estático. Para ello, como ya se dijo, ha empleado el concepto de proyectos hegemónicos. La hegemonía selecciona y se da en terrenos estratégicos, en los cuales se deberían desarrollar los proyectos hegemónicos para concretizar la hegemonía y no sólo dejarla en un nivel abstracto.

 

Jessop analiza el Estado, partiendo de la forma-valor, pero complementa su estudio con el análisis de la lucha de clases y la competencia de capitales, como si la forma-valor no fuera expresión del desarrollo contradictorio de las relaciones sociales entre el capital y el trabajo, y también de la disputa que se genera entre los capitales individuales. Pareciera que visualiza estos aspectos como factores disociados, pero complementarios[10].

 

En el marco de su análisis de Estado, explora particularmente las formas de: representación, intervención y articulación. Las formas de representación política le darían forma a los intereses del capital que se dan en una determinada estrategia de acumulación, los cuales son articulados por la "selectividad estructural" inmersos en las formas antes señaladas[11]. Las características estructurales más relevantes del Estado-nación, de acuerdo a Jessop, serían: su separación institucional del núcleo de la producción capitalista; su papel como monopolio institucionalizado sobre los medios de coerción; su rol en cuanto a los impuestos y el dinero; así como con relación a la ley y la burocracia.

 

Como se podrá apreciar, Jessop no logra superar el estructural funcionalismo que hereda de Poulantzas, lo cual lo conduce a pensar que el Estado sería un medio para resolver las contradicciones de la acumulación capitalista. El Estado no puede situarse por encima de las relaciones de valor, por la simple razón de que el Estado está inmerso en dichas relaciones como un momento de las contradicciones sociales en el proceso de acumulación[12].

 

Negri y Hardt vienen haciendo un conjunto de planteamientos sobre la producción, la relación entre lo económico y político, y del Estado desde una perspectiva postmoderna, pero a diferencia de las distintas escuelas postmodernas, no destruyen al sujeto, y aceptan la existencia de contradicciones sociales dentro del capitalismo actual, que conducirían al cambio, donde la multitud articulada por la producción bio-política de lo común, fundamentalmente de conocimientos comunes propiciados por el trabajo inmaterial, sería lo que guiaría el accionar del nuevo sujeto que es la multitud a escala mundial.

Negri y Hardt, en su estudio de la producción, se centran fundamentalmente en el análisis del proceso de trabajo. Esto se debe al énfasis que le otorgan al trabajo de nuevo tipo que se está imponiendo dentro de las nuevas formas post-modernas de producción, así como a su posición teórica, a veces contradictoria, y en otra, sumamente abstracta con respecto al valor. Lo anterior, por cuanto en ciertos momentos tendieron a negar la vigencia del valor y en otros, como veremos posteriormente, lo vinculan a la producción por el trabajo de lo común.

 

Negri percibe el proceso de trabajo como una red (network) de relaciones promovidas por el trabajo inmaterial, que se habría constituido en la fuerza productiva principal en las nuevas formas de producción. Como se podrá notar, visualiza el trabajo inmaterial como fuerza productiva, y no como expresión de una relación social, es por ello, como ya se señaló anteriormente, considera a las nuevas tecnologías de la comunicación el elemento dinamizador central del capitalismo postmoderno, y no a las formas de organización flexibles que han emergido que posibilitan maneras nuevas de relaciones capitalistas entre el capital y el trabajo, y en concreto en el proceso de trabajo, entre el trabajo pasado y el trabajo presente, que crea las condiciones para el desarrollo de las tecnologías de la comunicación de nuevo tipo. Como muestra de lo señalado, son los resultados totalmente diferentes que se obtienen con la utilización de las nuevas tecnologías en empresas que están organizadas bajo los principios de la producción en masa, y aquellas que propician formas flexibles de organización en base a células de producción donde se quiebran las rigideces de la división el trabajo tayloriano mediante la rotación entre los trabajadores que constituyen un grupo celular, así como por el trabajo colectivo y no fragmentado que este tipo de organización grupal demanda. En las empresas taylorizadas, la introducción de estas nuevas tecnologías de la comunicación, por lo general no aumentaron la productividad de la empresa, y muchas veces más bien, la hicieron decrecer. En las empresas flexibles, los resultados, como producto de la introducción de las nuevas tecnologías, son más bien opuestos, aumentando significativamente la eficiencia de éstas.

 

El nuevo tipo de trabajo inmaterial, que sería resultado, según Negri y Hardt, de las nuevas tecnologías de las comunicaciones, se caracterizaría por el hecho que los productos que generan son básicamente sociales y comunes. Producirán las comunicaciones, los conocimientos en aposición a la fabricación de carros y otra producción material concreta, que marcaron a la modalidad de la producción en masa. Estos productos serían el reflejo de lo que los trabajadores tendrían en común, sobre todo el trabajador de nuevo tipo que denominan "trabajador social", y a un nivel más general "la multitud".

 

Negri y Hardt plantean que, debido a la hegemonía que ejerce el trabajo inmaterial dentro de los procesos de trabajo convertidos en verdaderos "networks"; la explotación ya no podría concebirse a través de la extracción de plusvalía medida por el tiempo de trabajo no pagado, ya sea individual o colectivo, sino que sobre todo, por la captura del valor que sería producido por el trabajo cooperativo que promueven las tecnologías de la comunicación, y que, debido a ella, tendería a circular en el seno de las redes sociales, convirtiéndose en lo común[13].

 

Para estos autores, las nuevas formas que adopta el proceso de trabajo y la operación del valor, como consecuencia del papel dominante del trabajo inmaterial, es que se habrían creado las condiciones para que el trabajo vivo pueda organizarse independientemente del capital y "en este sentido, la función progresista del capital ha llegado a su fin"[14]. Como ya se dijo anteriormente, es una visión muy optimista, producto de su concepción de la producción, cuya dinámica se sustenta en las fuerzas productivas, especialmente las tecnologías de la comunicación, y en visualizar al trabajo inmaterial como fuerza productiva que puede disociarse como factor de producción del capital.

 

Como las concepciones de la producción en Negri y Hardt se sustentan principalmente en las características que adquiere el trabajo visto como fuerza productiva, el Estado y su organización debería tender a responder a la necesidad de construir un determinado ordenamiento de la reproducción social basado en el trabajo. La forma del Estado y su legislación se transformarían a medida que se modificaría la naturaleza del trabajo.

La producción de lo común por el trabajo inmaterial haría desaparecer las fronteras entre lo económico y lo político. Negri y Hardt postulan por romper todo tipo de separaciones entre lo económico, político, jurídico y social. Pero todo lo anterior habría que conceptuarlo en el marco del desarrollo contradictorio del capitalismo. Es por ello que el Estado, por un lado, tendería a intervenir intensamente en la producción económica, y por el otro, adquiría cada vez más autonomía relativa en sus prácticas. Esto último sería la expresión de la voluntad de continuar con el dominio capitalista[15].

 

Para estos autores, debido a las nuevas modalidades de producción y formas de nuevo tipo de relaciones entre lo económico y político, habría que replantear la manera de concebir el Estado. Para ello, se tendría que tomar en cuenta que este se estaría convirtiendo en el "ideal del capitalismo colectivo", y la estrategia para su transformación debería nacer de la unificación tendencial entre la teoría de la estructura del Estado, la teoría de las crisis, y la teoría de clase, una articulación que debería ser continuamente replanteada a los distintos niveles de la composición política de la clase trabajadora.

 

Finalizaremos esta parte del estudio crítico de la problemática infraestructura-superestructura y del Estado con un análisis a nivel más concreto de cómo se dio esta problemática durante el colonialismo en América Latina y como ello ha incidido en su evolución ulterior. Se puede plantear que, en términos generales, los países coloniales en América Latina, eran formaciones sociales no consolidadas en que coexistían diversas modalidades de producción económica, política y cultural, las cuales se combinaban en una cierta relación jerárquica. Lo que sí se puede precisar, es que la modalidad de producción "anterior" no fue disuelta por parte del capital comercial, impulsado por las metrópolis, hasta por lo menos el segundo cuarto del siglo diecinueve[16].

 

En América Latina, existieron regiones en que se concentró la población indígena (México, Perú, Bolivia, Guatemala), donde por lo general, los productores nativos directos no fueron despojados de manera inmediata de sus medios de producción (comunidades indígenas)[17], pero si se utilizó la coerción extraeconómica para maximizar la extracción del excedente en las varias actividades de prestación de servicios que realizaban. En las zonas mineras, se desarrollaron formas de trabajo forzado que no pueden ser consideradas como tendientes a la formación de un proletariado capitalista.

En las plantaciones antillanas, se lleva a cabo la producción empleando formas de trabajo esclavistas. Sin embargo, hay que señalar que en las pampas de Argentina, Uruguay y otras zonas similares, donde prácticamente no habían existido poblaciones indígenas previas, o donde su existencia era escasa y rápidamente eliminada, la producción asumió formas capitalistas desde su inicio. En América del Norte, se constituyó una economía diversificada de pequeños propietarios, la cual evolucionó hacia la industrialización y un capitalismo "metropolitano" no periférico[18].

 

Existieron formas diversas de síntesis entre modalidades de producción precolombinas y las europeas, de las cuales emergieron nuevas estructuraciones. En términos generales, la modalidad de producción dominante que se orientó principalmente al mercado mundial, no fue incompatible con las no capitalistas, sino que en muchos casos, fueron intensificadas para poner el excedente bajo la lógica de la plusvalía con el fin de maximizar la masa y tasa de ganancia[19].

 

Se puede resumir señalando que el hecho colonial creó una estructura productiva deformada, es decir no coherente, con una hipertrofia de ciertos sectores de la producción ligados a la exportación, que eran promovidos y apoyados por la metrópolis, y que también eran el centro de la vida colonial, los cuales cohabitaban con actividades económicas ligadas al abastecimiento del mercado colonial. Estos últimos, si no competían con las producciones coloniales, las dejaban operar pero de manera desarticulada. Aquellos que competían con las importaciones de la metrópolis eran prohibidos. Como se podrá notar, la situación actual no es muy diferente a la colonial, y se quiere seguir manteniendo e intensificando con nuevos tratados denominados de libre comercio, que en el fondo, son acuerdos que superan el ámbito económico, involucrando lo político y cultural. Son verdaderos tratados de dominación imperial, que son avalados por la burguesía interna orientada a la exportación primaria y de sectores donde las diferencias en salarios entre el centro y la periferia compensan a las de los niveles de productividad como textiles, por poner un ejemplo.

 

En las formaciones coloniales, las relaciones entre lo económico, político y cultural, se diferenciaban marcadamente de las que se daban en las metrópolis, por cuanto eran subordinadas a la lógica que imponían las formaciones sociales centrales. El Estado metropolitano ejercía su dominación a través del aparato burocrático periférico y el capital comercial, bancario y los sectores productivos, que estaban bajo su control directo. El poder político y económico de la metrópolis, en alianza táctica y/o estratégica con la clase dominante periférica o fracciones de ésta, determinaban las formas de intervención del Estado colonial en la economía para promover las exportaciones al mercado mundial, regular la producción y el comercio, beneficiando las actividades económicas desarrolladas por la madre patria, así como a ciertos grupos internos, en detrimento de otros, también privilegiando ciertas regiones o ciudades, y imponiendo tributos a la mano de obra, así como estableciendo otras cargas tributarias. Pero el Estado no se limitaba sólo a impulsar medidas políticas y económicas, sino que le brindaba gran importancia al aspecto cultural. El Estado colonial fomentaba activamente la estrategia de dominación cultural a través de un sistema educativo que fomentara sus valores, así como instituciones religiosas que le permitieran ejercer su dominación ideológica.

A través de la cultura, la metrópolis, logró sedimentar formas culturales, significados y valores que denigraban al nativo, legitimando el tratamiento infrahumano a este, lo que justificó su sobreexplotación, situación que persiste. Lo que ha cambiado principalmente, ha sido la metrópolis que domina, y la clase dominante que ejerce la hegemonía que es una simbiosis de la burguesía del centro que se alía, pero de manera jerarquizada, con una burguesía interna que ha perdido o nunca ha tenido un carácter nacional. Muestra de ello es que todo planteamiento que hacen para supuestamente desarrollar un determinado país o región, lo hacen depender del capital foráneo bajo sus distintas formas. Esta burguesía interna dependiente se contenta con el papel secundario que la burguesía central le asigna. Es por ello que no hay posibilidades de un capitalismo nacional en la periferia, capaz de mejorar las condiciones de vida de la población.

 

La dominación externa y la subordinación de las clases dominantes internas no ha posibilitado la construcción social de un estado que responda a las verdaderas necesidades internas de la mayor parte de la población, tanto económicas, políticas, y culturales. Es por eso que el aparato del Estado no presenta coherencia, y más bien está conformado por un conjunto fragmentado de instituciones que son en la mayoría de los casos, burdas imitaciones de las de las formaciones centrales que presentan relaciones sociales con características muy distintas.

 

En la actualidad, se viene promoviendo una supuesta reforma del Estado que los neoliberales proponen para la periferia, la cual no es como se pretende, tendiente a reducir el Estado y fomentar la "desregulación", sino que, más bien, intenta imponer otra modalidad de regulación a favor del capital foráneo y en detrimento de la educación, la salud, y la agricultura local. Esta reforma, lo que ha producido en la práctica concreta es un Estado más grande, al tener que aumentar las fuerzas de represión necesarias para reprimir a los que se quedan sin empleo, salud y educación, y reclaman sus derechos, y a los pobres. Además, porque deben crear instituciones para paliar el hambre y la desocupación con fondos de la denominada "cooperación internacional".  Este tipo de entidades contribuyen en mermar la dignidad de las personas que reciben esta caridad, lo cual permite de esa manera alienar a las masas con el fin de tratar de prevenir la agudización de las contradicciones sociales.

 


[1] Joachim Hirsch. The State Apparatus and Social Reproduction: Elements of a theory of the bourgeois State" in John Holloway and Sol Picciotto (eds). State and Capital. University of Texas Press. Austín. 1979

[2] John Holloway and Sol Picciotto. State and Capital. A Marxist Debate. University of Texas Press. Austin. 1978

[3] Bob Jessop. State Theory. The Pennsylvania State University Press. Pennsylvania. 1990

[4] Existe otra escuela de la regulación que tiene estudios interesantes pero poco publicitados. Los principales documentos han sido recogidos en una publicación hecha por GRREC Crise et Régulation. Recueil de textes. 1979-1983. Presses de l'Atelier des publications de l'Université de Grenoble II. 1983.

[5] Para Jessop, la forma valor es la relación social fundamental que define la matriz del desarrollo capitalista. Comprende un número de elementos interconectados que están orgánicamente vinculados como distintos momentos en el proceso de reproducción del capital. En la esfera de la circulación, estos elementos incluyen las formas mercancía, el precio, el dinero. En la esfera de la producción, la forma valor participa en la organización del proceso laboral como en el proceso de valorización. Para mayor detalle, ver Bob Jessop State Theory. Op. Cit.

[6] Ibid.

[7] Bob Jessop. Accumulation strategies, State forms and hegemonic projects en Simon Clarke (eds) The State Debate. Palgrave. New York. 1991.

[8] Bob Jessop. State Theory. Op. Cit.

[9] De acuerdo a Bertramsen, Froelund y Torfing, en Jessop no existiría una unidad sistemática entre lo económico, político y social, por cuanto carecería de una definición adecuada de la política que debería establecer dicha unidad. Para mayor detalle, ver Bertramsen, Froelund and Torfing. State, Economy and Society. London. 1991.

[10] Bob Jessop. State Theory. Op. Cit.

[11] Bob Jessop. Accumulation Stategies, State forms and Hegemonic projects. Op. cit.

[12] Simon Clarke (eds). The State Debate. Op. cit.

[13] Hardt-Negri. Multitude. La Découverte. Paris. 2004

[14] Michael Hardt and Antonio Negri. Labor of Dionysus. University of Minnesota Press. Minneapolis. 2003

[15] Ibid.

[16] Planteado por J.C. Garavaglia en la introducción del libro "Modos de producción en América Latina elaborado por Assodouican, Flamarion Cardoso, Cia Furdeni, Garavaglia y Laclau.

[17] Fueron la fuente de la mano de obra.

[18] Ernesto Laclau. Feudalismo y capitalismo en América Latina. Y Flamarion Santana Cardos Sobre los modos de producción coloniales de América, en libro detallado en la nota de pie nº16.

[19] Para mayor detalle, ver Cristian Gillen Les formations sociales périphériques et la loi de la valeur. En Informations et commentaires. Le développement en questions. Nº. 128. Juillet-septembre 2004. Grenoble, France.

 

Haga click aquí para volver a la
Pagina de Inicio

Escribanos a: hacialaemancipacion@yahoo.com