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  POLÍTICA

Parte I

Problemática infraestructura-superestructura 

Por Cristian Gillen

  

A parte de los problemas que generó la forma en que se conceptualizó y llevó a la práctica la relación fuerzas productivas–relaciones sociales, y que he tratado de presentar una propuesta para su superación en el numeral anterior([1]), la articulación infraestructura-superestructura es otro problema teórico-práctico que debe resolverse. Ello permitirá lograr plantear nuevas modalidades de transformación de la sociedad capitalista que realmente favorezcan a los que vienen padeciendo de la opresión, que es la gran mayoría de la población mundial, cuyas condiciones de vida material y moral, en lugar de mejorar, están deteriorándose bajo el modelo neo-liberal imperante a escala planetaria.

 

Las problemáticas: fuerzas productivas-relaciones sociales, y infraestructura-superestructura no son problemas teórico-prácticos aislados sino que están íntimamente vinculados, por cuanto ambas se influencian recíprocamente y también repercuten en la concepción del Estado, y el papel que debería desempeñar este en el tránsito hacia una sociedad de nuevo tipo. Es decir que la forma en que se conceptúa la producción, ya sea bajo el primado de las fuerzas productivas o las relaciones sociales, o si se visualiza a las fuerzas productivas como una expresión de relaciones sociales pasadas incide en como se aborda la reproducción de la sociedad en base a distintas modalidades de ver las relaciones entre lo económico y político, pero también lo cultural que casi siempre es dejado de lado, a pesar de la gran importancia que le otorgó Gramsci en el desarrollo de su teoría sobre la hegemonía.

 

A continuación presentaremos las escuelas de pensamiento más conocidas que han abordado el tema de la relación infraestructura-superestructura. En su análisis crítico, se estudiará la relación dialéctica que existe entre producción - relación económico, político, cultural – Estado – transformación. Luego de ello, presentaré una propuesta para superar la problemática infraestructura-superestructura.


En el capitalismo, se tendió a conceptualizar la producción en términos eminentemente técnicos que le daban a nivel de las apariencias un carácter de neutralidad. El trabajo se combinaba, en proporciones distintas, con los medios de producción para obtener productos. La distribución era vista en forma disociada del proceso de trabajo, la cual generaba la transformación del producto en ingreso que se otorgaba a las diferentes clases y/o grupos que participaban en la actividad económica productiva. Este proceso social distributivo era como algo sobre impuesto al proceso de trabajo, que no era considerado como ya se planteó un proceso social
([2]).

Esta separación mecánica producción-distribución llevó a las distintas escuelas del pensamiento capitalista, principalmente a la liberal, a ver al Estado disociado de la economía. Esta visualización de la sociedad, sin embargo, ha sido puesta en juego por el propio proceso de desarrollo capitalista, marcado por sus crisis permanentes que han llevado a que estos espacios considerados regiones separadas tengan que romper sus supuestas "fronteras" para interpenetrarse con el fin de garantizar la reproducción de las relaciones sociales como un todo.  

La social democracia, que mantenía una posición progresista dentro del respeto de la lógica capitalista, no escapa a la concepción de la producción de los liberales, al considerar igualmente la producción como algo que no está articulado dialécticamente a la distribución. Es en este contexto que la social democracia remarca la autonomía del Estado como institución política. El carácter de clase del Estado dentro de esta perspectiva no está determinado por el papel que desempeña en la producción, sino que por le rol que juega en la distribución, la cual podría ser modificado mediante medidas impositivas, políticas de gastos, entre otros. 

Los neo-ricardianos, al igual que los liberales y socialdemócratas, construyen su teoría del Estado en el marco de la separación producción-distribución. La "autonomía" del Estado es conceptualizada en base al conflicto social con respecto a la distribución de los ingresos. Tenemos así que el neo-ricardiano Gough no considera el papel del Estado en función a las actividades que realiza para lograr la reproducción del proceso de trabajo([3]).

El Estado nacional benefactor, que surge de la política reformista del Estado, como resultado de un manejo más equitativo del ingreso que el modelo liberal, ha entrado en un proceso de crisis. Uno de los factores que más incidió en esta crisis, como producto de la agudización de los conflictos sociales, fue la reconversión del proceso de producción en masa al de especialización flexible bajo sus distintas versiones. Este último se caracterizó por un proceso de trabajo basado en la cooperación pero incorporada. EL proceso de valorización de este nuevo proceso de producción inmediato, en su versión anglosajona, que fue la que más influyó en la periferia capitalista, tendió a ver el salario no como un ingreso sino principalmente como un costo. Además, subordinó la política distributiva directa e indirecta así como el consumo colectivo a las necesidades de la competitividad de la economía a nivel mundial.  

La crisis del Estado benefactor, en su versión central y periférica, ha comenzado a hacer emerger lo que Bob Jessop denomina el "Estado Schumpeteriano competitivo" bajo versiones distintas como veremos posteriormente. Las características de este nuevo tipo de Estado son principalmente : facilitar la flexibilidad del mercado laboral; fomentar la liberalización del comercio internacional; articular procesos de redefinición territorial con nuevas formas de comprensión tiempo-espacio([4]).

 

Como ya se manifestó, existen varias modalidades del denominado Estado Schumpeteriano que vienen emergiendo. La neoliberal se caracteriza por un Estado que privilegia la privatización y el criterio comercial en las diferentes actividades económicas, políticas y culturales que desempeña este. Además, propugna la flexibilidad laboral, la reducción de la seguridad social y también de los impuestos a las capas sociales más adineradas. El de tipo neocorporativista trata de fomentar la innovación, extender los acuerdos públicos-privados, proteger los sectores estratégicos de la economía y equilibrar la cooperación y la competencia. La versión neoestatista se caracteriza por ejercer un control estatal en el proceso de competencia y desarrollar una estrategia nacional para que oriente el accionar de los distintos agentes sociales. En cuanto al modelo neocomunitario que es básicamente el caso de Dinamarca, se trata de expandir la economía social, promover la cohesión social y el comercio equitable([5]).  

Marx, a diferencia de las distintas escuelas de pensamiento capitalista, presenta en su capítulo inédito del Capital una visión totalizadora y no neutra de la producción compuesta por el proceso de trabajo y de valorización, pero que no actúan en forma disociada sino como una unidad dialéctica. En esta perspectiva, no se percibe la producción separada de la distribución, por cuanto la plus-valía se genera en el proceso de trabajo y después se metamorfosea en ganancia vía el proceso de competencia y realización de la producción en el mercado mediante el juego de la oferta y la demanda([6]). Hay sin embargo, como ya se ha manifestado, en partes de la obra de Marx concepciones de la producción basadas en fuerzas productivas neutras, las cuales tuvieron un gran impacto en el denominado marxismo ortodoxo.  

Marx, al tener una visión no disociada entre producción y distribución, como los liberales y reformistas, critica la separación entre el Estado y la sociedad civil. En La crítica de la filosofía del derecho de Hegel, que es uno de sus trabajos políticos centrales, postula a que la disociación entre lo "político" y "económico" no puede ser resuelta ni por la burocracia, ni por la elección de una asamblea legislativa.  

Marx, a pesar de su crítica acertada a las formulaciones de Hegel y los liberales, que pensaban que la sociedad estaba conformada por regiones separadas, comete en partes de su amplia obra el error de establecer una relación mecánica entre lo "económico" y lo "político" bajo el primado del primero. Esta posición se puede apreciar tanto en el prefacio a la Crítica de la economía política como en La Ideología alemana, La Pobreza de la filosofía, y en el tercer volumen de El Capital. En Engels, principalmente en la segunda parte del Anti-Dühring([7]).

Marx y Engels son sensibles a los problemas que trae consigo el reduccionismo económico, y tratan de atenuarlo puntualizando que también la superestructura actúa sobre la base económica. Engels trata de salir de este dilema planteando que en esta relación, que se retroalimenta, la economía sería lo determinante en "última instancia", posición que ha influenciado a teóricos como Poulantazas. Sin embargo, esta postura teórica tampoco posibilita superar la problemática infraestructura-superestructura. Ello, por cuanto no da razones por las cuales la infraestructura sería la que genera la dinámica en la historia([8]).

El primado de lo "económico" sobre lo "político", conduce a ver las clases fundamentalmente desde el punto de vista económico y considerar al Estado como un instrumento de la clase económico dominante, la cual utilizaría al Estado para ejercer la coerción sobre las clases subordinadas.

Marx concibe al Estado en sus trabajos teóricos iniciales como un sistema irracional abstracto de dominación política que niega la naturaleza social del hombre y lo aliena de una participación genuina en la vida pública. Igualmente, plantea que la elite estatal es la representante de los intereses privados.

Marx, en la Ideología alemana, señalaba que el Estado era "la forma de organización que la burguesía adopta con fines internos y externos para garantizar su propiedad e intereses". En el Manifiesto Comunista, planteaba que "el ejecutivo del Estado moderno es un comité para administrar los asuntos comunes de toda la burguesía" y el poder político es "simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a la otra". Esta conceptualización del Estado llevó a que muchos marxistas consideren que el Estado era un instrumento neutro que podría ser utilizado para cualquier interés que se considere apropiado. De ahí toda la línea reformista que proyecta tomar el Estado a través de medios electorales y ponerlo al servicio de las clases populares, o aquellos que piensan que el tomar el Estado por medios violentos bastaría para quitarle el poder a los capitalistas sin tomar debida cuenta de lo social e ideológico y de la capacidad propia que se tendría para reproducir a la sociedad en las nuevas condiciones.

Marx, en la Guerra civil en Francia, a diferencia de lo que señalaba en sus obras antes citadas, adopta una posición básicamente anti-instrumentalista, aunque esta obra contiene metáforas instrumentalistas. Marx, en la obra antes citada, trata de establecer que el Estado es un sistema de dominación política cuya efectividad debe tratar de desentrañarse, tanto de su estructura institucional, como de las categorías sociales, fracciones o clases que lo controlan. Lo anterior implica que diferentes formas de Estado presentan distintos efectos en el balance de fuerzas entre las clases y por consiguiente, de las luchas políticas([9]).  

La última concepción marxista ortodoxa del Estado, fue la planteada a través de la teoría del capitalismo monopolista de Estado. Esta deriva su visión de este, de la forma en que concibe la producción. Para esta escuela de pensamiento, las fuerzas productivas y las relaciones de producción son vistas como relaciones técnicas de producción y relaciones sociales de distribución. En este contexto, el Estado puede ser independiente de la producción, por cuanto la esfera de la distribución sería independiente de las fuerzas productivas tal como la conciben los socialdemócratas y neo-ricardianos.

El Estado estaría sujeto al poder de la fracción monopólica, por lo que se requeriría aglutinar a la gente para que expulse a los usurpadores. Esta posición "moderna" del Estado del marxismo ortodoxo es muy similar a la que promovió Stalin para la tercera internacional. Este señalaba que "el capitalismo monopolista de Estado consiste en la subordinación del aparato del Estado a los monopolios capitalistas"([10]).  

La finalidad política de esta concepción del Estado es la de justificar la vía parlamentaria de la toma del poder del Estado, por cuanto se contaría con la gran mayoría de la población que viene siendo afectada por esta pequeña fracción monopólica. Lo que bastaría sería organizar a esta multitud en un frente social para crear un antagonismo entre la mayoría de la sociedad civil y la fracción monopólica con el fin de crear una democracia de la mayoría en el marco de la legalidad burguesa.


[1] Ver Cristian Gillen. Nueva forma de abordar la problemática fuerzas productivas – relaciones sociales. Parte Final. En http://www.hacialaemancipacion.org 

[2] Cristian Gillen. La Organización social de la Producción como dinámica de Desarrollo. Editorial Horizonte. Lima. 2001. Simon Clarke (ed.)The State Debate. Palgrave, New York. 1991

[3] Simon Clarke. Op. Cit.

[4] Bob Jessop. The future of the Capitalist State. Polity Press. Cambridge. 2003

[5] Op. Cit.

[6] Cristian Gillen. El Primado del las fuerzas productivas y el Socialismo. Edición Horizonte. Lima. 1986.

[7] Rally Bien (eds). Politics Ideology and the State. Lawrence and Wishart. London. 1978

[8] Cornelius Castoriades. L'institution imaginaire de la société.

[9] Rally Bien (eds). Op. Cit.

[10] Citado en Michael Hardt and Antonio Negri. Labor of Dionisos. University of Minnesota Pres. Minneapolis. 1994

 

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