|
Haga
click aquí para volver a la
Pagina de Inicio

|
Parte IV
Las teorías
contemporáneas sobre la democracia
Por
Cristian Gillen
Las teorías democráticas más actuales han
tratado de legitimarse presentando la democracia como un método
político neutro constituido por un conjunto de arreglos
institucionales, que pueden ser utilizados por cualquier
agrupación política independientemente de su posición política.
El aspecto central de este método es la competencia entre los
líderes políticos por los votos del pueblo. La participación, en
esta concepción, de la democracia es limitada y circunscrita a
la defensa de los intereses privados.
Esta percepción del sistema político en el
capitalismo actual se sustenta en el empirismo o en la lógica
descriptiva de los hechos en relación a las actitudes y
comportamientos de los individuos en la política, especialmente
en lo que se refiere al proceso de elecciones, por cuanto de
acuerdo al método político democrático, sería mediante las
elecciones que la mayoría podría ejercer un control sobre sus
líderes, metamorfoseados en elite política. Asimismo, sería a
través de éstas que se garantizaría la estabilidad del sistema
político.
Esta conceptualización empírica e instrumental
sustentada en la línea de pensamiento de Bentham y James Mill,
y no en el de Rousseau y John Stuart Mill, trata de manera
sistemática de sedimentar su supuesta neutralidad en la
conciencia de la población y de esa manera obviar las
implicancias normativas que esta teoría lleva inmersa. Esta
supuesta neutralidad, que tratan de defender los promotores de
estas teorías democráticas contemporáneas, tiene graves
implicaciones políticas por cuanto trata de "globalizar" el
sistema político anglo-americano, que se sustenta principalmente
en el pragmatismo de Bentham y James Mill. Con el fin de hacer
más creíble, y por lo tanto, legitimar la "neutralidad" del
sistema político, especialmente de Estados Unidos y Inglaterra,
promueven la necesidad creciente de "expertos" para poder dar
cuenta en forma más "científica" de la vida política que deviene
cada vez más compleja. Para estos autores de la teoría sobre la
democracia contemporánea, convertidos en verdaderos tecnócratas
de la política, la iniciativa en el accionar político estaría
cada vez más en los "braintrusts" y en la investigación del
mercado de la política.
Toda esta línea de pensamiento oficial sobre el
sistema político tiene como ideólogo central a Joseph. A.
Schumpeter. Este, al igual que Bentham y James Mill, se focaliza
en los "arreglos institucionales", y le otorga una participación
limitada al pueblo. Para Schumpeter, "la democracia es un método
político, eso quiere decir, un cierto tipo de arreglo
institucional para llegar a decisiones políticas, legislativas y
administrativas".
En su teoría, ponía gran énfasis en la competencia entre los
líderes políticos por el voto del pueblo. Schumpeter comparaba
la competencia política por los votos a la forma en que funciona
el mercado de mercancías. Los votantes serían como los
consumidores que eligen entre los distintos productos políticos
que ofrecen los líderes de los partidos, que los visualiza como
empresarios políticos que compiten por contar con el favor
popular, y concibe a los partidos como las asociaciones que
actúan en la esfera económica.
Ello significa que Schumpeter, en un capitalismo más
desarrollado, se da el lujo de profundizar el pragmatismo de
Bentham y James Mill hasta hacer de la política un verdadero
mercado capitalista centrado en el valor de cambio. Los
denominados expertos políticos que siguen en grandes rasgos esta
línea de pensamiento, aunque poniendo más énfasis que Schumpeter
en lo que respecta a la estabilidad del sistema político están:
Sartori, Berelson, Dahl, Eckstein, y también Bobbio, a pesar de
postular este último por una concepción socialista, aunque
apoyándose en el liberalismo.
De acuerdo a Giovanni Sartori, "la democracia es
un sistema político en el que la influencia de la mayoría es
asegurada por minorías que compiten para ser elegidas". Dentro
de esta lógica de ver la democracia en el marco de un sistema de
competencia, considera al igual que Schumpeter que "la
democracia es a la política lo que el sistema de mercado es a la
economía". La única diferencia que percibe Santori entre la
competencia económica y la política, es que la primera está
sometida al control de los consumidores, mientras que la
competencia entre partidos escaparía al control de los
denominados consumidores políticos. Además de que los productos
políticos, por su carácter intangible, serían más difíciles de
evaluar que los económicos que se caracterizan por lo general
por ser tangibles.
Sartori, si bien concuerda con las tesis
centrales sobre la democracia que postula Schumpeter, tiene
algunas diferencias con éste de carácter secundario. Para
Sartori, Schumpeter estaría exagerando al plantear que el
ciudadano tendría una performance menor cuando actúa en el campo
político, que cuando acciona en la esfera económica.
Berelson adopta igualmente una posición
pragmática con respecto a la democracia. Para él, la teoría
política moderna debe ser descriptiva y centrarse en el sistema
político existente, y no debería intentar ponerlo en juego. La
mayor preocupación de Berelson, es que la política democrática
realmente existente en su versión anglo-americana sobreviva.
Para ello, habría que limitar el conflicto dentro de la
sociedad, manteniendo la estabilidad económica y social, y
constituyendo una organización social pluralista y un consenso
mínimo.
Robert A. Dahl, concibe la democracia como un
método político, donde la competencia sería el elemento
democrático central dentro de ese método. El valor de la
democracia sobre otros sistemas políticos, residiría en que
haría posible ampliar la influencia de las minorías en las
decisiones políticas. Dahl considera por otro lado, que la
estabilidad del sistema político podría ponerse en juego si se
da un incremento de cierta significación en la participación de
los grupos socio-económicos más bajos. Ello, por cuanto, según
Dahl, serían los que tendrían las personalidades más
autoritarias, lo que conllevaría a que el consenso en las normas
que rigen el sistema político pueda declinar.
Para Dahl, la democracia sólo se justificará en
el gobierno de los Estados, y no en el de las empresas, debido a
que violaría el "derecho superior de propiedad". Además, porque
existirá una tendencia natural a la jerarquización que haría que
la democracia no funcione.
Dahl, en su visión autoritaria, no ha tomado en cuenta la nueva
realidad en las empresas capitalistas, donde se tiende a la
horizontalización para mejorar la calidad de los productos y la
productividad a través de la apropiación de los conocimientos de
los trabajadores que operan directamente en los procesos de
producción.
Eckstein define la democracia de manera similar a
toda la corriente contemporánea, que sigue a Bentham y James
Mill. Su teoría se concentra básicamente en hacer estable el
sistema político para lo cual el gobierno debería tener un
patrón de autoridad que sea compatible con el de la sociedad de
la cual forma parte. Es decir, que la lógica política del
gobierno en el contexto de una sociedad capitalista que es
jerarquizada debería tener un "saludable elemento de
autoritarismo". Además, dentro de esta concepción de gobierno,
habría que tener muy presente la firme necesidad psicológica del
hombre de tener líderes y liderazgo.
Norberto Bobbio, al igual que los antes
mencionados, apoya un sistema político sustentado en la
competencia entre diferentes partidos por el voto popular. Las
razones que da para defender este tipo de democracia es que: el
mundo moderno es individualista; y que la complejidad de la
sociedad moderna lleva a la necesidad de que los representantes,
expertos en política desempeñen de manera más eficiente la labor
política que las personas ordinarias. Dentro de esta visión de
la democracia, Bobbio le otorga un papel relevante al
liberalismo, ello porque "está basado en una concepción
filosófica que, nos guste o no, dio origen al mundo moderno: la
concepción individualista de la sociedad y la historia".
Bobbio, a diferencia de los autores antes
tratados, piensa que la democracia no ha podido penetrar en
otros campos de la sociedad aparte del espacio político. Su
papel, según Bobbio, ha sido prácticamente inexistente dentro de
las grandes empresas y la burocracia. También es crítico de la
forma en que se están dando las elecciones, en cuanto se estaría
generando un "clientelismo" en el que el voto se cambia por
favores políticos. Por otro lado, los representantes elegidos
por el pueblo sería un grupo que defiende más su interés como
grupo que el del pueblo que lo eligió.
Bobbio, como miembro del partido socialista
italiano, plantea un camino al socialismo en el cual respeta las
instituciones liberales existentes en el capitalismo. Las
estrategias que propugna para lograr un socialismo significativo
en el marco antes señalado son: realizar reformas estructurales
desde arriba; y promover una extensión democrática desde abajo.
Sin embargo, nunca mostró mucho interés en la estrategia de
cambio estructural, y más bien se centró en propiciar la
democratización progresiva de la sociedad civil. Lo planteado lo
conduce a tener una concepción del socialismo que pone énfasis
en la ampliación de las reglas democráticas en la fábrica, más
que en la transición de un modo de producción a otro. Según
Perry Anderson, la conceptualización del socialismo de Bobbio,
que se centra en la democracia económica llevaría a legitimar el
orden político existente.
Como se puede apreciar del análisis de la teoría
contemporánea sobre la democracia, ésta ha tendido a privilegiar
una de las tendencias de los teóricos considerados clásicos de
la democracia, dejando de lado la vertiente que no se limitaba a
un papel principalmente descriptivo sino fundamentalmente
valorativo, haciendo resaltar los ideales que deberían lograrse
mediante la democracia, por supuesto que dentro del marco del
individualismo que propugnaba.
Hay que señalar sin embargo, que el énfasis
contemporáneo en una visión pragmática de la democracia, no
significa de ninguna manera que no se haga uso de un conjunto de
criterios valorativos para juzgar que sistema político puede ser
considerado "democrático"
. Si uno hace un
análisis detenido de estos criterios, se puede percibir que son
inherentes a los sistemas anglo-americanos, y por lo tanto, lo
que promueven como ideal democrático a alcanzar es el que
impulsa el máximo imperio del mundo que ha mostrado que más que
luchar por extender una verdadera democracia, lo que está
haciendo es ampliar su dominación a través de un proceso de
sedimentación de una democracia formal que no se ajusta a la
estructura social de los distintos países del planeta, sobre
todo en los periféricos, donde su control es mayor.
El tipo de democracia moderna, tal como ya se
señaló, postula por una participación limitada de los
ciudadanos. La escasa participación está circunscrita al
parlamento, en el que en la práctica concreta los profesionales
de la política que lo componen legislan fundamentalmente a favor
de los intereses de los que financiaron sus campañas, los
poderosos económica y políticamente que ejercen una presión
permanente a través de múltiples vías, así como por las propias
motivaciones que tienen como grupo, con el fin de mantenerse y
reproducirse de manera ampliada. A parte de la participación
antes señalada, el Estado se caracteriza por el autoritarismo
burocrático en la ejecución de las medidas legislativas o de
otro índole, también en sus actividades educativas y culturales
en general, y ni que decir de su aparato coercitivo. En la
sociedad civil, las empresas, donde una gran mayoría de la
ciudadanía labora y reproduce su vida cotidiana, impera la
jerarquización, lo que atenta contra la creatividad y favorece
la alienación y cosificación de la población.
En la periferia, la crisis del sistema
democrático parlamentario se potencia, lo que ha llevado a
algunos pensadores sociales a plantear formas nuevas de
democracia para este tipo de formaciones sociales. Así tenemos
que Samir Amin postula para estos países una "democracia
avanzada", que tendría que sustentarse en la "democracia
jacobina".
Este planteamiento de Samir Amin, más bien
conduciría a formas democráticas autoritarias, por cuanto los
jacobinos sustentaron su democracia en la eliminación de la
oposición, y en el partido único tal como lo señalamos al
analizar la evolución histórica del sistema democrático.
No hay que olvidarse que un jacobinismo
modernizado surgió como parte de los procesos de liberación
nacional que se dieron en África y también en Asia. A este
jacobinismo actualizado, Clifford Geertz lo denomina "sistema de
movilización", que habría emergido como producto de la pérdida
de legitimidad del sistema político sustentado en la democracia
parlamentaria. Este nuevo jacobinismo tuvo como sus tesis
centrales su fe en el progreso, la industrialización acelerada,
y la lucha por alcanzar la armonía. Se caracterizó
principalmente por: el desarrollo de una autoridad central
fuerte; y la institucionalización de valores nacionales. Todas
las experiencias de este tipo de democracia han tenido en la
cúspide del sistema político a un líder carismático que nunca
pudo legitimar integralmente el régimen.
Aparte de las críticas antes expuestas, hay
algunos señalamientos relevantes efectuados por Marx y Engels a
la democracia capitalista que permiten aclarar aún más la
esencia de este tipo de sistema político. Marx y Engels, en su
crítica a la democracia, ponen en énfasis especial en tratar de
desentrañar la lógica que existe detrás del parlamentarismo, que
pretende hacer creer a la población que es la fuente de la
soberanía, del poder y que representa a los verdaderos creadores
de los eventos políticos; igualmente en desenmarcar el proceso
eleccionario que pretende ser el reflejo de la opinión pública,
no sólo en un momento dado, sino que constituye "una fuente
profunda de autoridad moral, como si fuera el basamento del
poder popular.
Marx es muy crítico de la concepción
individualista de la democracia burguesa, por cuanto ésta no
supera la visión "del hombre egoísta más allá del hombre como
miembro de la sociedad civil, eso es, un individuo dejado a sí
mismo, en los confines de sus interés privados y caprichos
privados, separados de la comunidad.
Por otro lado, analiza en términos políticos la "apariencia" de
libertad que este sistema trata de exhibir. Plantea la
"hipocresía" de la supuesta libertad que la democracia genera,
por cuanto expresa la lógica burguesa de esconder una sociedad
dividida en clases. La separación de la sociedad en Estado y
Sociedad civil sirve para este propósito, creando la ilusión
dual: de un individuo que sólo obedece a los dictados de su
voluntad racional, y el desarrollo de una competencia en el
mercado que opera de manera autónoma del Estado.
|