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La transformación estratégica de China
¿Ampliación de la visión de Sunzi?
Por Nicole Schuster
Contexto
geopolítico : Un rival hegemonista de mucho peso
Se discute mucho en la actualidad del peligro que representa no
solamente para Estados Unidos, sino también para Europa y varios
países asiáticos, el surgimiento de China a nivel regional y
mundial. El descomunal crecimiento económico que experimenta
China desde hace una década, que alcanza un nivel de 10% al año
(),
le permite sustentar el constante aumento de su presupuesto
militar ()
y así tender a reducir el retraso, particularmente a nivel
tecnológico, que tiene en relación con Estados Unidos. La
situación actual de China no es única en su historia. Evoca la
que vivió a partir de finales del siglo VIII, cuando se
beneficiaba de los intercambios comerciales entre las diferentes
dinastías del Norte y del Sur del Imperio. La expansión
comercial con otros países promovió la subida de nuevas clases,
entre las cuales la de negociantes ricos, de mercaderes
proveedores de la logística de guerra al Estado, y de rentistas
inmobiliarios, y dio lugar a un fantástico despliegue técnico.
Aunque los periodos de guerra sucedían a los de paz, nunca se
interrumpió el tráfico comercial entre las dinastías vecinas. El
auge técnico y científico se aplicó particularmente en el sector
marítimo y militar, dado que el auge económico se sustentaba en
el comercio, tanto privado como oficial, y que el defender las
costas aseguraba la permanencia de esta situación comercial. A
través de una política creciente de monopolización de los
productos altamente comercializados como el té, la sal, los
perfumes (),
el Gobierno pudo enfrentar sus enormes gastos militares y
financiar un estado de guerra permanente.
De la misma manera, el auge económico actual de China le da la
posibilitad de acceder a una posición dominante a nivel regional
y respetable a nivel mundial, lo cual la pone directamente en
competición con Estados Unidos, quien, a pesar de las leyes del
“mercado libre” que propugna, no puede tolerar la idea de tener
que asistir al surgimiento de una nueva potencia mundial. De ahí
una promoción oportunista, tanto del lado estadounidense que del
lado chino, de alianzas ambiguas con los países vecinos,
situación de la cual se aprovecha Japón, ferviente colaborador
de Washington, que se ve igualmente amenazado por el crecimiento
chino.
A nivel regional también, China entra en competencia directa con
Estados Unidos debido a su situación geográfica crucial. El
estrecho de Taiwán constituye una ruta comercial inevitable para
los países occidentales, el Medio Oriente, Corea, Japón, y
Rusia. Además, ubicadas en el Mar Meridional chino, las islas
Spratley y Paracel se sitúan en una zona rica en gas y petróleo,
y son muy propicias a la pesca. Lo mismo vale para la zona a los
alrededores de las Islas Diaoyutai, en el Mar Oriental, que
igualmente tendrían reservas importantes de petróleo (),
lo que lleva China, Taiwán, Vietnam, Filipinas, Brunei y
Malasia, a disputarse su dominio. Para un país como China, cuyo
consumo de petróleo está sujeto a un eventual crecimiento del
orden de 3% por año (),
es obvio que su control sea vital.
La situación estratégica en hidrocarburos y en materia de flujo
comercial de la zona no es ajena a que Estados Unidos refuerce
su posición en Asia e instrumentalice los lazos de cooperación
militar con Taiwán para neutralizar a China.
Estrategia
económica y política china
Para contrabalanzar la política de contención aplicada por
Estados Unidos a través de sus aliados taiwanés, japonés,
pakistaní e indio al Oeste y Este de China, el país asiático ha
optado por el reforzamiento de la seguridad de sus rutas de
comunicación tanto marítimas como terrestres y, por ende, por el
establecimiento y la consolidación de alianzas en la región.
Ello explica el afán de China por consolidar sus relaciones
diplomáticas con India y Pakistán, siendo este último una vía
terrestre indispensable para China hacia el resto de Asia ().
El objetivo buscado por China es el de constituir una línea de
seguridad entre las islas Kuriles e Indonesia, pasando por
Japón, Taiwán y Filipinas. De ahí la importancia que representa
para China la re-anexión de Taiwán, o, por lo menos, mientras la
situación militar china frente a Estados Unidos no lo permita,
su neutralización. Es en este sentido que debería ser vista la
política de integración económica que China está adoptando para
con Taiwán y que indujo a este último a invertir más de 30
billones de Euros entre 1991 y 2003 en China, es decir 45% de
sus inversiones directas en el extranjero. Este flujo de
inversiones se liga con una deslocalización de las empresas
taiwaneses en dirección de China y hace a la Isla siempre más
dependiente de la madre patria ().
En el plan mundial, China necesita de alianzas que estima
indispensables para la realización de su objetivo geopolítico. A
pesar de seguir pretendiéndose comunista, está adoptando una
política siempre más neoliberal, y ha decidido perseguir un
proyecto oportunista de integración económica ()
en las organizaciones internacionales, tal como lo demuestran
los esfuerzos que desplegó para que se aceptara su adhesión a la
Organización Mundial del Comercio, así como su participación en
el grupo de Shangai ()
y en la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático). En
el marco de esta organización, sabe muy bien explotar las
divisiones y los conflictos entre los países y no duda en
establecer relaciones puntuales de índole bilateral con ciertos
países pertenecientes a ésta, mientras que el trato requerido
por la naturaleza de la Asociación debería ser, en principio,
multilateral.
Además, China refuerza su influencia a nivel político en Oriente
Medio, como lo demuestra, entre otros, su política de
acercamiento hacia Irán (),
o el acuerdo concluido entre el gigante chino SINOPEC y la
empresa saudita ARAMCO ().
Su presencia se hace sentir también en el Continente
sur-americano y en el africano. Su ingerencia en África supone
estar sujeta a la concretización de un proyecto de lucha contra
la pobreza edificado sobre la base de principios “humanitarios”,
de programas de asistencia que incluyen la capacitación técnica
a africanos (iniciativa que China había iniciado desde la Guerra
fría), la construcción de infraestructuras básicas, pero
igualmente, la cooperación militar. Proveyó por ejemplo a Sudán,
Egipto, Somalia, Tanzania, Togo y Costa de Marfil préstamos que
ascienden a 723 millones de dólares y, de esa manera, logra
acuerdos de cooperación en materia de economía e industria con
los países africanos ().
Ello le permite en cambio recibir petróleo de Sudán, Nigeria,
Gabón, Libia, Angola, entre otros, y explica las fuertes
críticas, que motiva actualmente su protagonismo en Sudán, por
parte de un Occidente tan interesado como China en la zona.
Estrategia
militar
El cinturón de contención, formado por Estados Unidos gracias a
sus alianzas con países asiáticos (),
rememora el escenario de tensiones y conflictos de la guerra
fría durante la cual los protagonistas no se atacaban
directamente, sino que lo hacían a través de países satélites.
Es así que se supone que China usaría Corea del Norte para
combatir a Estados Unidos y Japón a fin de eludir un
enfrentamiento directo con ellos (),
como Estados Unidos usa a Japón y la India para contrarrestarla.
Como lo admite Richard Halloran (),
China no tiene otra opción que la de reforzar y ampliar su zona
de seguridad y defensa nacionales y regionales, y ver como
resolver la situación con Taiwán sin que se deba recurrir a un
conflicto armado en el cual Estados Unidos tendría que
intervenir.
El auge económico que experimenta China y que Washington
considera como un peligro directo para su proyecto hegemonista a
medio y largo plazos, llevó al país asiático a reflexionar sobre
cual debería ser la estrategia a adoptar en caso de un
enfrentamiento con un enemigo tan poderoso. Aprovechándose de su
crecimiento económico, China planteó la necesidad de realizar
transformaciones a nivel de estrategia y doctrina militar,
dentro de sus diferentes armadas, así como a nivel de la
tecnología. Sus prioridades son las de reforzar su cuerpo
militar y particularmente el de la Marina y de la Aviación, a
fin de poder defender tanto su territorio interno como los
espacios marítimos, y así, salvaguardar su soberanía. China está
entonces enfocando hacia una fuerte modernización de su aparato
tecnológico, dado que se focaliza en una guerra cuyo eje es la
tecnología, y en especial, la informatización. Su Libro
Blanco de la Defensa publicado últimamente confirma su
voluntad de alcanzar un “objetivo estratégico final que es el
de crear armadas informatizadas, capaces de ganar las guerras
del siglo XXI sustentadas en la informática”.
Hasta ahora la estrategia de guerra de China se había
diferenciado de la estadounidense en la medida que esta última
pone principalmente el énfasis en lo militar y en la tecnología
de punta. La herencia del estratega Sunzi ()
había llevado los chinos, a lo largo de los últimos dos
milenarios, a tener una preferencia marcada por el principio del
“arte de vencer sin combatir”, que todavía ocupa un espacio
notable en su estrategia de guerra. Es en ese sentido que se
tiene que entender la doctrina del “no first use”, es
decir la de considerar el enfrentamiento militar como último
recurso, que ratifica el Libro Blanco de la Defensa
china. Sin embargo, visto el contexto regional y mundial, esta
doctrina se encuentra hoy fuertemente mitigada.
Como lo analiza Mehdi Taje (),
China ha conceptualizado tres estrategias: una estrategia de los
enfrentamientos aceptados; una estrategia de los enfrentamientos
negados; una estrategia de enfrentamientos rechazados. Estas
tres estrategias se inscriben en el marco de dos tendencias:
-
la de una “guerra sin restricciones”, es decir, donde las
dimensiones sobrepasan lo militar y engloban lo económico, lo
político, lo tecnológico ().
Según expertos americanos, lo antes señalado se traduciría a
nivel concreto por un ataque de tipo tecnológico por parte de
China en Taiwán, con virus informáticos, la manipulación de los
sistemas informáticos, bancarios, de comunicación y de decisión,
el todo basado en una guerra psicológica a través de los medias
que apuntaría a crear el pánico dentro de la población adversa.
Ello se encontraría reforzado por el envío de tropas especiales
y mísiles, que permitirían un escenario de Blitzkrieg en un
tiempo no mayor a 15 días ().
-
Además, conforme al pensamiento de Mao, no se excluye en un
cuadro de guerra asimétrica con Estados Unidos el uso de la
guerrilla en tierra y en mar, como China solía hacerlo en los
años 1950-1960. Es decir que se combinarían los mecanismos
propios a las guerras convencionales con los de guerrilla, lo
que serviría para compensar el retraso que los chinos tienen a
nivel tecnológico en relación con Estados Unidos. A ello se
añadiría la astucia, principio tan viejo como la guerra misma
().
A) La estrategia de una guerra aceptada, que ciertos
consideran como la invalidación de la doctrina del “no first
use”, se planea sin embargo en base a una guerra defensiva,
aunque el término de “defensivo” empiece a revestir la misma
ambigüedad que caracteriza a la política preventiva
estadounidense. Es en este tipo de escenario que se tiene
presente el eventual empleo de la fuerza nuclear en la exo-atmósfera,
lo que serviría para bloquear los sistemas electrónicos y de
comunicación sobre la isla de Taiwán en caso de conflicto. En
virtud a la nueva doctrina militar que preconiza un desenlace
rápido de las guerras, se está renunciando a la confrontación
convencional con ejércitos masivos que generalmente desembocan
en conflictos de mayor duración y se está programando
intervenciones rápidas a través del envío de tropas reducidas y
de elite que emanan de los cuerpos de la Marina y de la Aviación
en detrimento de otros cuerpos del ELP (),
como la Infantería, las unidades blindadas y el cuerpo de la
artillería.
B) La estrategia de guerra negada significa el recurso a
la diplomacia.
C) La estrategia del enfrentamiento rechazado tiene por
objetivo evitar un conflicto que no le resultaría propicio a
China, y se sitúa en la línea de Sunzi de “vencer sin utilizar
la fuerza”. La ilustración concreta de este tipo de estrategia
es la política de integración económica que practica China hacia
Taiwán (,
así como la formación de alianzas puntuales que permiten hacer
frente a la influencia creciente en la región de un enemigo
eventual.
Reestructuración de las fuerzas armadas
Para China, la primera Guerra del Golfo habría abierto el camino
a las guerras futuras en la medida que esas tendrán por eje la
informática, que articula todos los sectores de la tecnología, y
que permite el despliegue de toda la batería militar en tiempo
real ().
Tal
como se señala en el Libro Blanco de la Defensa china, el
objetivo prioritario es entonces de crear armadas informatizadas
para poder ganar una guerra fundamentalmente informática. Los
estrategas chinos perciben las operaciones militares con armadas
gigantescas como algo obsoleto y promueven la reestructuración
de sus fuerzas armadas en base a una profesionalización de los
efectivos, lo que a la vez significa, en términos neoliberales,
reducir gradualmente sus efectivos.
El ELP (Ejército de liberación popular) es el más numeroso del
mundo ().
Engloba unidades de servicio activo y de servicio de reserva,
cuyo número de efectivos en conjunto se situaría a los
alrededores de cuatro millones. Las unidades en servicio activo
comprenden las fuerzas de tierra, mar y aire, la Segunda
Artillería, las academias y escuelas militares y los organismos
de investigación relativos a la Defensa. Últimamente, esos
organismos se encuentran en pleno desarrollo, particularmente
tecnológico, y se les asignó más recursos. Para poder enfrentar
conflictos a nivel local, el ELP se encarga de la formación de
los efectivos en actividad y en reserva, los cuales están
organizados por las autoridades locales. El ELP tiene como meta
la de optimizar el entrenamiento de los efectivos a través del
perfeccionamiento de las redes de información y de operaciones
de entrenamiento. A cargo del EPL se encuentran igualmente el
programa de reducción de los efectivos, su profesionalización y
su modernización a nivel tecnológico, poniendo el énfasis en la
informatización de los equipos y sistemas de armas, en la
integración de sus sistemas de armas entre los diferentes
cuerpos armados, y en el mejoramiento de los sistemas de las
áreas de comando y control (C2).
Dentro del ELP se encuentran las unidades de la Policía Armada
del Pueblo (PAP) creadas en 1983, y la milicia popular. La PAP,
compuesta de antiguos guardias del ELP y de la policía armada,
es un órgano paramilitar del Estado, cuyo rol nefasto fue
revelado ante la opinión mundial en los eventos de Tianamen en
1989. Tiene por función la de asegurar la seguridad pública y la
de hacer respectar la soberanía de China.
La empresa privada y el Estado promueven la formación de
milicias que involucran ciudadanos de las zonas rurales, de
grandes ciudades y de regiones en proximidad de las vías de
comunicación. Esas milicias gozan de una tecnología siempre más
sofisticada y de municiones que la ELP les provee. Pese a esta
movilización popular, asistimos a un distanciamiento progresivo
de la posición adoptada por Mao, que se traduce por una voluntad
gubernamental de despolitizar los cuerpos combatientes, y que
sigue la línea de separación que se estableció en China entre la
dirección política y la militar en el transcurso de la década de
los noventa.
La Segunda Artillería, que igualmente pertenece a las unidades
en servicio activo, se encarga del programa nuclear de Defensa,
y se concentra particularmente en los sistemas de Defensa de
armas equipadas de mísiles.
La Aviación goza de una posición privilegiada en relación con
los demás cuerpos armados. Los estrategas chinos han analizado
el rol primordial que tuvieron los helicópteros occidentales en
el desenlace de la Guerra del Golfo (),
y se equipó consecuentemente a la Aviación china con un gran
número de helicópteros que permiten una intervención rápida y
precisa en caso de conflicto y contribuyen en las operaciones
logísticas.
En la Marina ()
se está poniendo muchas esperanzas, dado que sería el
instrumento central empleado en caso de un conflicto con Taiwán.
En este contexto, la Marina china toma la misma vía que las
Marinas occidentales, en cuanto su política de Defensa prevé el
lanzamiento de operaciones militares desde el mar hacia el
litoral. En otras palabras, se planean intervenciones de la
Marina en el marco de misiones cortas, así como operaciones
defensivas multinacionales. En caso de una guerra con Taiwán, un
bloqueo naval de las costas de la isla por China sería previsto,
estrategia que obligaría al gobierno taiwanés a concentrarse
principalmente en la defensa de sus costas y a no poder darle la
atención necesaria al resto del territorio. Para garantizar su
Defensa a nivel marítimo, China cuenta con submarinos que
representan el eje de su fuerza naval. Además, China trabaja
para concretar su proyecto de construir una Marina denominada
del “Mar Verde” que se añada a las flotas ya existentes en el
Mar Oriental, en el Mar Meridional y en el Mar Septentrional, y
pueda permitirle estar presente en alta mar, lo que, en sus
ojos, contribuiría notablemente a aumentar su prestigio.
En lo que atañe al espacio, China ha, desde mucho tiempo, tomado
en cuenta el valor estratégico que tiene la conquista espacial
en el campo tecnológico y militar. Es la razón por la cual está
desarrollando un extenso programa espacial, que incluye el
lanzamiento de satélites y de naves no tripuladas y tripuladas
en el espacio. Es en un contexto de rivalidad con Estados Unidos
y su sistema de posicionamiento global (GPS) que se debe
entender su voluntad de invertir 230 millones de euros en el
sistema satelital europeo Galileo ().
Dado que los satélites de comunicación, como lo revela la
política espacial estadounidense Estados Unidos, juegan un papel
importante tanto a nivel de comunicación como de información
militar, es fácil imaginar que serían un blanco ideal en caso de
guerra.
De lo antes señalado se desprende que China apunta
prioritariamente a un desarrollo y un perfeccionamiento de sus
sistemas informáticos. Para ella, esos serán, en todas las
guerras futuras, lo que en términos clausewitzianos es definido
como el centro de gravedad, y cuya neutralización o destrucción
garantizaría de manera invariable la victoria. Asimismo, China
es consciente que las guerras van desde luego más allá de lo
militar y se extienden a la dimensión económica, política y
social, tal como lo ilustra Estados Unidos. China no dudaría,
como lo hizo Soros en la década pasada cuando desencadenó una
crisis monetaria en Asia, en destruir los fundamentos económicos
de Taiwán a través de una campaña especulativa para invalidar
toda tentativa de independencia de la Isla, así como en recurrir
al empleo de Hackers ().
Sin embargo, frente a un adversario como Estados Unidos, estas
medidas no parecen viables. Porque, aún si China deja entender
que podría retirar gran cantidad de sus bonos del Tesoro
norteamericano para desestabilizar a América del Norte en caso
de sentirse agredida por el Imperio norteamericano, sabe que tal
medida drástica le perjudicaría a ella misma, puesto que el
sistema financiero descansa sobre mecanismos que afectarían no
solamente al sistema norteamericano, sino a todas las economías
del mundo, incluido la China.
El énfasis que pone China en querer modernizar, de manera
exacerbada, la tecnología de punta, lleva a pensar que se ha
formado ya una cúpula tecnocrática de tipo anglosajón a nivel de
gobierno. Esta cúpula no considera una participación de la
población en la política como esencial, apartándose con ello de
la posición de Mao, quien, al involucrar a la población en la
lucha contra el Imperialismo anglosajón y japonés en el siglo
pasado, había logrado ganarle la guerra a Occidente y a los
nipones así como a los sicofantes colaboradores que pululaban a
nivel regional y nacional chino. Esta posición “antipopular” de
la guerra se desprende también de lo planteado en “la Guerra
sin restricciones”, obra que fue elaborada por dos
estrategas militares chinos actualmente en servicio. En esta
obra, la parte reservada al factor humano en la guerra no excede
las diez líneas cuando el libro contiene tres cientos páginas
().
Además, los autores señalan que «los chinos deberían
relativizar la importancia de la «guerra popular» preconizada y
empleada por Mao en otras circunstancias y adaptarse un poco más
al concepto de “guerra moderna en condiciones de tecnología de
punta». Afirman igualmente que la guerra popular era
totalmente incapaz de medirse a fuerzas modernas.
Desgraciadamente, este argumento queda inválido cuando se
analiza la estrategia de guerra de Giap contra los ejércitos
modernos de los franceses y norteamericanos en Vietnam.
Conclusión
Por lo tanto, más que una ampliación de la visión de Sunzi, se
puede afirmar que existe una tendencia en los círculos militares
chinos a mimetizar las estrategias y tácticas de guerra
anglosajonas, a pesar de la impresión que China quiere dar de
poder llevar la guerra más allá de toda dimensión militar y así
distinguirse de su rival norteamericano ().
El tecnocratismo podría ser el punto de quiebre de China si
combate un enemigo como Estados Unidos, porque en este caso
lucharía con los mismos medios contra un adversario
cuantitativamente superior. Su fuerza, que había sido hasta
pocas décadas una participación activa de la población, podría
quedar inválida por la exclusión progresiva que ésta sufre. Este
cambio en la línea de pensamiento de los círculos militares va a
la par de la adopción por parte del Gobierno chino de la lógica
capitalista neoliberal, la cual sería para éste la panacea para
poder elevarse a nivel de potencia mundial. El sometimiento a
los mecanismos neoliberales repercute directamente en los
efectivos de las fuerzas armadas chinas, como hemos visto al
señalar la reducción de sus efectivos en el nombre de la
“profesionalización”, pero sobre todo en la población. Ésta está
siempre más sujeta a soportar los desastres de la economía
neoliberal, cuyos efectos se hacen seriamente sentir, dado que
desde ahora se encuentra, como en todo país capitalista, a la
merced de las políticas de despido que impone el modelo
económico actual, así como sumisa a una política de bajos
salarios que llega a extremos. El fenómeno de polarización en la
población se está reforzando, haciendo que la distancia entre el
chino medio y los nuevos ricos se esté amplificando y que la
corrupción empiece a causar estragos. Por lo que uno de los
problemas que podría enfrentar el Gobierno chino en un futuro
próximo es el de las tensiones sociales que bien podrían
estallar en revueltas sociales y así peligrar la unidad nacional
china y, con ello, anular todo proyecto ambicioso de lograr
tener un rol a nivel mundial.
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